Enrico Armas | Artista plástico venezolano

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Ante la crítica

Recopilación de reseñas en textos especializados 1978-2015

 

Voluntad poética y expresionista que aluden a la espontaneidad, a la libertad creativa, a la subjetividad; todo ello constituyen aspectos que se han forjado en su pintura como el verdadero motivo de sus actos: la creación de un espacio vibrante, la furia colorística, el hedonismo del color, la espacialidad; en fin, gestos, manchas, color y líneas que crean una atmósfera envolvente y explosiva.

Félix Hernández, 2016


Enrico Armas no se detiene en sus investigaciones, en sus búsquedas, porque como el mismo declara … en el arte no es solo importante el producto final: aún más lo es el proceso
Bélgica Rodríguez, 2006

Perseverar es un verbo que expresa voluntad de superación. Quien persevera, logra sus objetivos más escenciales gracias a su tenacidad. La pintura de Enrico Armas es, además de un acto de fe, la expresión de su más firme perseverancia, lo que equivale decir, que se ha mantenido firme en sus principios. Es este uno de los aspectos más admirables en la personalidad de Enrico como artista.
Con los años, ha logrado ocupar un espacio como pintor en el escenario plástico venezolano. Ha debido vencer la persistente apreciación de ser escultor sin ser escuchado como pintor. Sin embargo, mientras más se le acondicionaba a aquella clasificación, más se desarrollaba en él su pasión por la pintura. Por ella, aumentó una suerte de pulsión hacia el color. Este se expresa con toda su vitalidad mediante un alto grado de pureza (rojos, azules, amarillos vivos, por mencionar algunos) o bien matizado mediante la más espontánea y arrojada gestualidad. Todo ello indica que estamos, sin duda, ante un artista extremadamente emocional.
Susana Benko, 2002

Enrico Armas es uno de esos artistas cuyo desbordante sentido del color puede inducirnos al engaño o el error de apreciación y un análisis superficial. Su elaborada riqueza cromática no nace sólo de un instinto que es común a muchos artistas de origen sudamericano, como si fuese un ADN pictórico innato, pero revela un código de búsqueda bastante complejo y fascinante.
Armas no es un floretista, sino un espadachín, un invasor del espacio que fragmenta y divide a través del cruce de lenguajes entre lo informal y lo abstracto, entre el grafitismo y el simbolismo. Se puede pensar en Jasper Johns de los alfabetos, cierta obra de Nicola De María de los años 80, o en Esteve y su dinámica del color. Pero Armas es todo y ninguno de estos, porque es una extraordinaria mezcla de clases que genera ciertamente algo diferente y también nuevo en el actual contexto europeo.
Alberto T. Galimberti, 2002

En el desarrollo de la producción de Enrico Armas se siente la continuidad de su autoría y de sus concepciones. Aunque se trata de varias líneas de continuidad, o de ejes paralelos de desarrollo (…) Se trata, en el caso de la pintura actual de Enrico Armas, de un equilibrio inestable y precario que opera como una suerte de contrapunto visual, o como un juego perceptivo variable, de lecturas visuales simultáneas o sucesivas o superpuestas, sin necesidad de un orden de prevalecencias ni de continuidades.
Perán Erminy, 2000

Enrico Armas ”compromete” a la materia, ya sea el papel, la tela, el grafito, el color, las planchas de grabado, el noble bronce, hierro o aluminio, la mancha de tinta que corre sin que sepamos su destino final, todo en el entorno recibe la orden de encuentro con su sensibilidad.
Laura Antillano, 1999

Desde hace aproximadamente seis años, Enrico Armas ha centrado su trabajo en un tema y una técnica elegidos a conciencia -y a conciencia de su carácter casi anacrónico y siempre actual-: el caballo y el modelado. Esto no implica una postura academicista, sino todo lo contrario, pues se trata más bien de abrir una oposición a ciertos facilismos y a la tendencia del ”vale todo” que hoy día se perfilan en el joven arte venezolano e internacional. En tiempos de crisis, no está de más el retorno a valores seguros. Y si existe en el arte un valor perenne, es precisamente el de la escultura como un oficio artesanal, desde siempre abierto a la expresión estética esencial del ser humano.
Federica Palomero, 1997

Enrico Armas me invitó a su taller para que viera sus esculturas a fin de escoger las piezas que formarían una exposición. Pero sucedió que, al entrar, encontré unos grandes cuadros que me recordaban sus acuarelas y aspectos de su obra gráfica. Indagando precisé que desde hacía varios años se dedicaba a pintar. Pasaba que el reconocimiento del escultor trababa el encuentro con el pintor. Pero éste estaba allí, y en todo su esplendor.
Juan Carlos Palenzuela, 1992

Enrico Armas es escultor que también se ha manifestado en diversos medios bidimensionales, como la gráfica, el dibujo y la pintura. Las anotaciones de color de Armas son más aisladas, buscando la superposición, el entramado que permite la veladura, el trasluz. Contraste con la reciedumbre de su escultura y en especial de sus trabajos e instalaciones en medios naturales, en especial los realizados con troncos y cuerdas.
Roberto Guevara, 1992

Vimos a Enrico modelar sus primeras piezas a los cinco años, con tierra colorada de los jardines de la quinta Turimiquire, en Cumaná. Desde entonces su tiempo lo ocupa esa pasión.
Edda Armas, 1990

Enrico imprime sobre catálogos ya impresos. Modifica su diseño. Las palabras escritas previamente, siendo las mismas, ya no lo son: pasan a ser soporte y grafismo. Las podemos leer no sólo fragmentariamente. La no-lectura es ya una forma de lectura. Rasga papeles. Superpone papeles de colores y, por lo tanto, superpone colores. Los transforma por transparencia.
María Elena Ramos, 1990

Trabajo serio de Enrico Armas, de coherencia histórica y dentro de la evolución y el avance del pensamiento plástico contemporáneo. Obra estimulante de un joven en este triste momento de recuperación y manipulación nostálgica del pasado.
Carlos Cruz Diez, 1985

Dice mucho a favor de este artista de 16 años el hecho de que sea un autodidacta y de que revele, a pesar de la falta de maestros, un grado de conciencia de la expresividad que nuestra mediocre enseñanza impartida en las escuelas de arte está lejos de proporcionar. El trabajo de Enrico Armas, con firmes raíces en la tradición de la escultura moderna, evidencia sorprendentes de madurez y oficio para la edad de su autor.
Juan Calzadilla, 1973


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